Con un pronóstico económico que siempre es incierto, no ha de sorprendernos que nos concentremos tanto en las inversiones y en la seguridad financiera. Es fácil sentir preocupación por esta vida temporal y sentirnos satisfechos con respecto a las cuestiones de importancia eterna, pero los seguidores de Jesucristo, incluso aquellos que pertenecemos al mundo laboral del siglo XXI, ante todo hemos sido convocados para representarlo. A través de los años, he observado impresionado cuánto disfruta Dios de hacer sus obras a través de personas ordinarias, si estas personas tienen la voluntad de estar a Su disposición.

 

Eternidad
Eternidad

Rápido: di el nombre de tus cinco mejores amigos. Si no puedes nombrar cinco, nombra a tres. O a dos. ¿Y si nombras a un muy buen amigo que hayas tenido durante mucho tiempo?

Todos tenemos amigos, o al menos creemos que los tenemos. Consideramos a algunos de nuestros colegas de trabajo como amigos. Puede que sean las personas que están en el mismo departamento de uno o aquellas con las que hemos trabajado juntos en varios proyectos. En algunos casos también vemos a estas personas fuera del ámbito laboral pero a menudo nuestra amistad permanece dentro de los límites del lugar de trabajo.

Generalmente, además, tenemos amigos que desempeñan varios roles en nuestras vidas. Algunos son nuestros compañeros para jugar golf o tenis, nuestros compañeros de viajes, nuestros consejeros financieros, alguien con quien nos juntamos ocasionalmente a beber un café o personas que viven en nuestro vecindario. La definición de “amigo” puede variar de un individuo a otro, pero la mayoría de las veces, los amigos son aquellas personas con quienes compartimos sonrisas; aquellas cuya compañía disfrutamos; esos individuos con quienes tenemos ganas de compartir momentos, ya sea por teléfono, por mensaje de texto, por correo electrónico, o de la forma antigua, en persona. Casi siempre, los amigos expanden los horizontes de nuestras vidas y hacen que cada día sea más agradable.

No obstante, la prueba de fuego de la amistad no se da durante las épocas buenas cuando nuestra carrera prospera y las personas a nuestro alrededor pueden acompañarnos en nuestros éxitos. Los amigos muestran quiénes son realmente cuando nuestras vidas están hechas un lío. Como alguien dijo: “Cuando tú asciendes en la vida, tus amigos saben quién eres. Cuando caes, eres tú quien sabe quiénes son tus amigos”.

En momentos difíciles y de angustia, hay pocas cosas que nos consuelen tanto como oír a un amigo diciéndonos con sinceridad: “Estoy aquí para lo que necesites” o “Cuentas conmigo”. Hay un dicho que dice: “Cuando las cosas se ponen difíciles, los fuertes se movilizan”. Pero si se trata de amistad, cuando las cosas se ponen difíciles, los verdaderos amigos no se van a ningún lugar; se quedan a tu lado, con el deseo de ayudarte de cualquier forma que puedan.

La Biblia tiene algunas cosas interesantes que decir sobre la amistad.

Los amigos verdaderos se revelan cuando llegan los momentos difíciles. Todos tenemos imágenes de personas que son amigos, quienes disfrutan compartir momentos divertidos y de recreación. “Nos divertimos mucho juntos”, es posible que digan. Pero ¿qué pasa cuando nos encontramos con un contratiempo? ¿Quiénes son nuestros amigos en ese momento? ¿Con quién podemos contar cuando se acabó la “diversión”? “En todo tiempo ama el amigo, y es como un hermano en tiempo de angustia”. (Proverbios 17:17).

Los amigos deben elegirse con cuidado. Hay personas que parecen ser amigas de todo el mundo. Son individuos muy sociables y gregarios. Sin embargo a veces esas relaciones son superficiales, no del tipo con las que podemos contar sin importar cuáles sean nuestras circunstancias. Por eso los amigos valiosos se deben seleccionar con mucho juicio. “El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo; y amigo hay más unido que un hermano”. (Proverbios 18:24).

Si es un amigo verdadero, se puede contar con su consejo sensato. Los mejores amigos son esas personas que se preocupan profunda y genuinamente por nosotros, al tal punto que están dispuestos a decirnos la verdad, incluso en esos momentos en los que no estamos dispuestos a escucharla. Te dicen: “Te digo esto por tu propio bien”, incluso si lo que tienen que decirte no parece bueno en ese momento. “El ungüento y el perfume alegran el corazón, y el cordial consejo del amigo, al hombre”. (Proverbios 27:9).


Preguntas de reflexión/discusión

1.    ¿Quién se te vino a la mente cuando te pedimos que dijeras el nombre de tus mejores amigos? ¿Por qué los consideras buenos amigos? ¿Qué cualidades tienen que tú valoras?




2.    ¿Cómo distinguirías entre amigos que desempeñan ciertos roles en tu vida y amigos con quienes tienes una relación más profunda? ¿Crees que puede existir un solapamiento entre los dos tipos? Explica tu respuesta.




3.    ¿Cuáles son otras cualidades que consideras importante en una amistad?




4.    Piensa en alguna ocasión en que hayas recurrido a un amigo, o a varios, para pedirle ayuda porque la necesitabas. ¿Qué te indicó esa experiencia sobre la calidad y la profundidad de tu amistad con esa persona?




NOTA: Si deseas leer o discutir otras partes de la Biblia que se relacionan a este tema, ten en cuenta los siguientes pasajes breves:

Proverbios 24:1-2, 25:17, 27:17; Eclesiastés 4:9-12; Marcos 14:50; Lucas 15:6; Juan 15:13

¿Alguna vez pensaste en la importancia de la crítica constructiva o de una reprimenda oportuna? Hace varios años, una imprenta con la que veníamos trabajando desde hacía algún tiempo envió a mi oficina un proyecto cuya finalidad era representar visualmente a nuestra organización ante miles de personas. Sin embargo, después de revisar el trabajo noté que los colores no coincidían con los que habíamos solicitado. No coincidían ni mínimamente con los de nuestras instrucciones.

Yo tiendo a optar por ser complaciente, y por eso me costó decidir qué tenía que hacer. “No quiero sonar como un quejoso”, me dije. “Tal vez los colores no son tan distintos y podemos pasar por alto el hecho de que no coinciden perfectamente”. Sin embargo, la que era mi asistente en aquel momento no tenía el mismo problema que yo de no querer lastimar los sentimientos de otra persona. Sabía qué tenía que hacerse.

“No podemos mandar esto así como está”, afirmó. “Tendrán que volver a hacerlo”.

Mi asistente tenía razón, claro. Habíamos elegido los colores meticulosamente para representar a nuestra organización y habíamos especificado claramente lo que necesitábamos. Y en realidad, al aceptar un trabajo de calidad inferior no le hacíamos ningún favor a la imprenta. En vez de preocuparnos por si la imprenta se ofendería o no, lo importante era que esta supiera que sus servicios no cumplían con lo esperado. De lo contrario, ¿cómo iba a saber que necesitaba tomar medidas correctivas para garantizar la calidad de sus trabajos futuros?

En vez de ofenderse, la imprenta valoró que se le informara el error y respondió rápidamente. Al día siguiente, recibimos nuestro proyecto. Lo habían vuelto a hacer, y se veía mucho mejor. Me alegré de que mi asistente tuviera la determinación de hacer que la imprenta y yo fuéramos responsables.

Cuando recuerdo esta situación, me doy cuenta de que había olvidado algunos principios bíblicos importantes relacionados al valor de corregir cuando es necesario, ya sea a un comerciante, un empleado o incluso, un cliente.

El regalo de una reprimenda. Decirle a una persona, sea esta un compañero de trabajo, un amigo o un proveedor, que su trabajo no es aceptable, puede ser un acto de bondad si se hace con buena voluntad, sin la intención de menospreciar, sino de ayudarla a mejorar en el futuro. “Como zarcillo de oro y joyel de oro fino, es el que reprende al sabio que tiene oído dócil”. (Proverbios 25:12).

La obligación de una reprimenda. Si encuentras a alguien que está haciendo un trabajo de calidad inferior y no se lo haces notar, de hecho estás participando, incluso consintiendo a su fracaso. “No aborrecerás a tu hermano en tu corazón; razonarás con tu prójimo, para que no participes de su pecado”. (Levítico 19:17).

El beneficio de una reprimenda. Muchas veces puede parecer difícil propiciar una corrección o una reprimenda, pero si con estas ayudas a esos individuos a ser más efectivos y productivos en su trabajo, el resultado puede ser gratitud por tu buena voluntad de hacer críticas constructivas. “El que reprende al hombre, hallará después mayor gracia que el que lisonjea con la lengua”. (Proverbios 28:23).

Reprender a un comerciante desde el amor –que te importe esa persona o esa compañía lo suficiente y hacerle saber que no cumple con tus expectativas– representa una afirmación de tu propio compromiso con la excelencia, y puede tener este efecto en el de ellos también.



Preguntas de reflexión/discusión

1.    ¿Qué tan fácil, o difícil, es para ti corregir o reprender a otra persona cuando notas que está haciendo un trabajo que es inaceptable e inferior a sus capacidades?




2.    ¿Y a la inversa? ¿Con qué facilidad aceptas las reprimendas de los demás cuando sienten que tu trabajo no cumple con los estándares esperados y que necesitas mejorarlo?




3.    ¿Estás de acuerdo con la idea de que no corregir a alguien cuando es necesario equivale a contribuir al fracaso de esa persona? Explica tu respuesta.




4.    ¿Alguna vez has confrontado a alguien debido a la calidad de su trabajo y después resultó que esa experiencia contribuyó para fortalecer su relación? Si así fue, ¿cómo abordaste la situación?




NOTA: Si deseas leer o discutir otras partes de la Biblia que se relacionan a este tema, ten en cuenta los siguientes pasajes breves:

Proverbios 13:1, 17:10, 27:5-6; Efesios 4:29-32; 2 Timoteo 3:16-17; Santiago 3:9-11

Tras dedicarme a la venta de seguros de vida durante más de 30 años, he comprendido realmente cuán incierta es la vida. A lo largo de tres décadas, he enviado más de 100 cheques a beneficiarios de reclamos por fallecimientos, y muchos de esos reclamos se presentaron tras la muerte de clientes quienes yo consideraba que estaban en sus mejores años.

Debido a esto, a varias personas les he hecho la siguiente pregunta, esperando incitar reflexión y debate: “¿Crees que estás en el último cuarto de tu vida?”. Curiosamente, incluso aquellos a quienes les pregunto que yo considero que ya han pasado sus mejores años, me responden con un rotundo: “¡No!”.

Después de mi pregunta, les comento lo que pienso sobre la incertidumbre de la vida, y para ello uso una analogía deportiva. Aunque mi deporte favorito de pequeño era el béisbol, siempre me gustó el fútbol americano universitario y a menudo noté que el último cuarto era sin duda la parte más importante del juego. Los equipos más hundidos muchas veces resurgían de una posible derrota y lograban la victoria en los minutos finales del juego. Se podían unir para ganar porque se habían preparado para la adversidad, habían planificado bien y hacían uso de la fortaleza interna necesaria para un final triunfante.

Estas observaciones dieron lugar a lo que yo llamo las “estrategias para el último cuarto”: discusiones sobre el entorno laboral actual diseñadas para ayudar a otras personas a entender más fácilmente que en cierta forma, la vida es como un gas que se evapora, y que Dios quiere que vivamos nuestros días -sin importar cuán jóvenes o mayores seamos- como si el tiempo se nos acabara, y que Él cuenta con nosotros para que salgamos al campo y realmente marquemos la diferencia.

Muchas personas se sienten satisfechas con solamente estar sentadas fuera del campo, al costado observando cómo se desarrolla el juego frente a sus ojos. Cualquiera de las personas que lea este “Maná del lunes” podría pensar que es sentimental y que está dirigido a otra persona, pero esta advertencia está dirigida ¡a todos nosotros! Dios ingenia circunstancias para la vida de cada uno de nosotros y necesitamos darnos cuenta de que Él quiere que participemos de forma activa en el juego de la vida que Él nos presenta; no que seamos espectadores. Muchos de los partidos en los que participamos simplemente nos entretienen, pero lo que hacemos con nuestras vidas y cómo usamos el tiempo que se nos ha dado es de gran importancia, incluso para la eternidad.

La Biblia nos habla de esto frecuentemente. Puede que el apóstol Pablo no supiera nada de fútbol americano, pero sí manejaba bien la metáfora del último cuarto de vida. Dejó escrito: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe”. (2 Timoteo 4:7). Pablo también comprendía cuán rápido puede pasar el tiempo, y que las oportunidades se pueden perder con demasiada facilidad si no las aprovechamos. Nos desafió a que anduviéramos “aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos”. (Efesios 5:16).

Una de las claves para una estrategia efectiva para el último cuarto de vida es comprender con claridad nuestras prioridades en la vida. Para muchos de nosotros, nuestras relaciones personales no están ni arriba de la lista, ni cerca. Para mí, la relación más importante es la que tengo con mi Padre Celestial, y mi deseo de complacerlo en todo lo que hago y en todo lo que soy. Ninguno de nosotros tiene garantizado el día de mañana. Podría ser que estuviéramos en nuestro“último cuarto” personal de vida en este mismísimo momento. Por eso hacer lo que dijo el apóstol Pablo, “aprovechar el tiempo”, cobra sentido, porque los días pasan demasiado rápido.

© 2015 Todos los derechos reservados. Jim Langley es agente y asegurador de vida certificado (CLU, por sus siglas en inglés) de New York Life desde 1983 y un miembro activo de la CBMC (sigla de “Conexión entre hombres de negocios cristianos”, en inglés) de Santa Bárbara, California, EE. UU. desde 1987.


Preguntas de reflexión/discusión

1.    Si alguien te preguntara: “¿Estás en el último cuarto de la vida?”, ¿cómo le responderías? ¿Te parece mórbido siquiera considerar que podrías estar en el último cuarto de tu vida? ¿Por qué o por qué no?




2.    ¿Crees que para todas las personas tiene sentido tener una “estrategia para el último cuarto” de la vida, sin importar la etapa de su vida que vive o su edad? ¿Por qué o por qué no?




3.    Tomando en consideración cómo es tu vida en este momento, ¿qué cambios, si es que alguno, crees que podrían ser necesarios para garantizar que tu estrategia para el último cuarto fuera tanto efectiva como productiva?




4.    ¿Qué crees que significa “aprovechar el tiempo”? ¿Consideras el paso del tiempo un enemigo o un aliado? Explica tu respuesta.




NOTA: Si deseas leer o discutir otras partes de la Biblia que se relacionan a este tema, ten en cuenta los siguientes pasajes breves:

Salmos 90:10; Lucas 14:28-29; 1 Corintios 9:24-27; Santiago 4:13-17

Por ser experto en fotografías antiguas, con frecuencia me preguntan por qué las personas no sonreían en las fotos antiguas. Para ser exactos existen tres teorías. La primera dice que la rapidez del obturador de las cámaras fotográficas de épocas antiguas era lenta debido a la poca rapidez de la película, y que por eso las personas tenían que permanecer inmóviles por unos cuantos segundos. La segunda teoría es que la higiene dental no era muy buena, y por lo tanto las personas no querían mostrar sus dientes antiestéticos.

La primera respuesta es un tanto cierta, pero la segunda probablemente no. Existe una tercera explicación posible, y probablemente sea la razón más real: sonreír para una fotografía se consideraba de mal gusto. La siguiente es una cita que ilustra la mentalidad de hace más de 300 años.
"Hay algunas personas que levantan su labio superior tanto que sus dientes quedan visibles casi en su totalidad. Esto es completamente contradictorio al decoro, el cual prohíbe que uno permita que los dientes queden descubiertos, puesto que la naturaleza nos dio labios para taparlos”.
– Jean-Baptiste De La Salle, Las reglas del decoro y el civismo cristiano, 1703.

Esa sí que es una afirmación. Parece tan contraria a nuestra forma de ver las sonrisas para las fotografías en el siglo XXI. Afortunadamente, las épocas cambian así como también la fotografía. En la actualidad es raro, particularmente en las culturas occidentales, ver una foto de alguien que no esté sonriendo, especialmente si quiere verse lo mejor posible.

Esto me hizo preguntarme qué es lo que más comúnmente hace que las personas sonrían, esté o no una cámara presente. El buen humor con seguridad puede provocar una sonrisa. Tan sólo haz el intento de reírte sin sonreír. ¡Tu rostro puede llegar a estallar!
Sonreímos cuando vemos a alguien que nos importa; cuando los bebés y animales pequeños hacen cosas graciosas; cuando vemos una obra de arte cautivadora; cuando escuchamos una ejecución conmovedora de música; cuando vemos a nuestro equipo favorito anotar al final del juego logrando así la victoria y evitando una derrota certera; o cuando recibimos un regalo especial por sorpresa. También sonreímos cuando nos dan un ascenso en el trabajo, cuando celebramos la formalización de un contrato importante o cuando nos damos cuenta de que hemos hecho algo para mejorar la vida de otra persona.

¿Sabías que la palabra “sonreír” no aparece en las traducciones formales de las Sagradas Escrituras? La concordancia bíblica (en idioma inglés) pasa directamente de “oler” a “aniquilar” (en inglés estas tres palabras comienzan con “s”, y “sonreír” queda entre las dos últimas mencionadas). “Sonreír” no aparece ni una sola vez. Eso no significa que Dios esté en contra de sonreír. No se menciona el acto de sonreír, pero otras palabras como “reír”, “riéndose” y “risa” se usan 40 veces. Y debemos asumir que si se estaban riendo, también estaban sonriendo.

La risa no siempre se presenta por motivos felices. Dice Salmos 2:4 sobre las personas que conspiran para rebelarse en contra de Dios: “El que mora en los cielos se reirá; el Señor se burlará de ellos”. Sin embargo, en otra ocasión, la risa llegó y generó una de las sonrisas más grandes de la historia. Sara, la esposa de edad avanzada de Abraham, había perdido la esperanza de tener un hijo. Dios les prometió que sería madre, y cuando nació su hijo, Isaac, ella dijo: “Dios me ha hecho reír, y cualquiera que lo oyere, se reirá conmigo”. (Génesis 21:6). Isaac en hebreo significa “risa” o “el que ríe”.

Mayormente la Biblia habla de gozo, lo que podríamos considerar que es “sonreír por dentro”, incluso cuando las cosas que pasan a nuestro alrededor son desagradables. Santiago 1:2-4 dice: “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna”. Por eso podemos sonreír interiormente en la adversidad, y confiar en que todo se dará para nuestro bien máximo y para ayudarnos a crecer espiritualmente.


Preguntas de reflexión/discusión

1.    ¿Tienes alguna fotografía antigua de la familia en la que nadie esté sonriendo? ¿Qué pensabas sobre la falta de sonrisas?




2.    ¿Qué significa para ti una sonrisa cuando la ves? ¿Qué cosas más comúnmente te provocan una sonrisa?




3.    ¿Te parece curioso que el término “sonreír” no se utilizara ni una sola vez en la Biblia, en las traducciones directas de los manuscritos originales? ¿Por qué crees que es así?




4.    ¿Se te ocurren otros ejemplos de risa en la Biblia? Si es así, ¿en qué circunstancia aparecen? La risa, ¿está utilizada de forma positiva o negativa? ¿Cuál te parece es el significado de esto?




NOTA: Si quisieras leer o discutir otras partes de la Biblia relacionadas a este tema, ten en cuenta la siguiente lista breve de pasajes:

Salmos 1:1-3, 30:5, 100:1-5; Romanos 5:2-5, 12:15; Filipenses 4:4; Hebreos 12:2