12 Feb

Los principios fundamentales (y bíblicos) para invertir

A menudo, nuestros clientes acuden a nosotros para pedirnos consejos sobre qué inversiones hacer, cuándo hacerlas y cómo lograr la mayor ganancia de los fondos que van a invertir. Muchos principios demostrados afianzan el consejo que les damos a nuestros clientes, pero incluso antes de hacer eso, para nosotros es imperativo reconocer a qué nos enfrentamos: los peligros y los obstáculos que pueden evitar que logremos nuestras metas financieras.

Quizás lo más importante es una verdad simple y universal: como inversores, podemos ser nuestros peores enemigos. Esta observación resulta no sólo de nuestras décadas de experiencia práctica como inversores de dinero y gerentes, sino que también lo confirma lo que Dios nos dice en la Biblia.

Recientemente, me llamó Dan, un emprendedor novato entusiasmado por comenzar su carrera como empresario independiente, y me pidió que lo aconsejara y lo ayudara. Me preguntó de forma muy directa: “¿Me puedes ayudar a solicitar y pedir prestado, todo el dinero que necesito para montar un negocio nuevo?”.

Su pregunta no me tomó por sorpresa. Muchos empresarios asumen que pedir tanto dinero como sea posible prestado es la solución para sus problemas de financiación. Ellos piensan: “Si tengo el suficiente capital disponible, ¿cómo podría no tener éxito?”. Sin embargo, muchos años de experiencia (tanto de empresario como de asesor a otras personas de negocios y profesionales) me han enseñado que si estamos dispuestos a orar y buscar la sabiduría de Dios, Él por lo general tiene un mejor plan que simplemente tratar de juntar suficientes recursos financieros para perseguir nuestras metas de negocios.

Lo que infunde miedo en nuestro corazón

 

¿Qué cosas infunden miedo en tu corazón? ¿El Estado Islámico de Irak y el terrorismo global? ¿Las enfermedades epidémicas, el virus de Ébola u otro virus resistente a una cura? ¿La amenaza omnipresente de una guerra nuclear? ¿La violencia con armas? ¿El descontrol económico nacional y global? ¿El llamado cambio climático?

Personas en todo el mundo se enfrentan a esos problemas, a esos miedos que compartimos ya sea que vivamos en Europa, Asia, África, Norteamérica, Sudamérica o en algún país de la costa del Pacífico. Luego, tenemos otros miedos más personales que dan vueltas en nuestro subconsciente: ¿mi trabajo es estable? ¿Qué sucederá si perdemos a ese cliente? ¿Podrá nuestra empresa sobrevivir en este ambiente tan competitivo? ¿Me darán ese ascenso que deseo y necesito con desesperación? ¿Qué revelará mi biopsia (o la de un ser amado)? ¿Puedo pagar las cuentas? ¿Envejeceré con dignidad o de forma trágica?

Cuando los valores corporativos y personales no coinciden

Cuando una empresa informativa internacional absorbió el periódico comunitario en donde yo trabajaba de editor, me asignaron otras responsabilidades como editor comercial, en reemplazo del ex dueño que había salido de la compañía. En este rol más amplio no sólo tenía que supervisar las operaciones editoriales del periódico, sino que también debía interactuar con los anunciantes y el personal que operaba nuestra imprenta.

En la industria de las publicaciones, las imprentas implican inversiones de capital costosas, por eso para mantener la rentabilidad estas deben mantenerse en uso todo lo posible. Por ese motivo, cuando no estábamos imprimiendo nuestros periódicos, la compañía conseguía contratos de impresión de otras publicaciones para asegurarse de que la imprenta y los empleados siguieran operando.

Mi rol no incluía buscar proyectos de publicación externos ni manejarlos, pero los empleados de la imprenta me mantenían informado sobre qué estaban haciendo. Una tarde uno de los impresores entró a mi oficina y me mostró uno de los periódicos que se estaba imprimiendo. “¿Ha visto esto?”, me preguntó. Al verlo, pude observar que el contenido de esta publicación no era como nada que hubiéramos impreso antes, y no era acorde con los valores de la pequeña comunidad, que con el transcurso de los años, había llegado a apreciar a nuestra empresa.

Las mejores herramientas son tus destrezas

Recuerdo claramente aquel día en 1985 en que ingresé a una tienda popular de discos y encontré que en lugar de las cajas de discos elepés (discos de vinilo) había hileras de CD (discos compactos). Esa semana me compré un reproductor de CD nuevo, pero también me compré dos tocadiscos. Yo había invertido miles de dólares en música fantástica grabada en los elepés que ahora se consideraban obsoletos, y quería poder seguir disfrutándolos por muchos años. Resultó ser que en los últimos 30 años no hubo ni una sola vez en que no pudiera comprar un tocadiscos nuevo.

En aquel momento, me sorprendió cuántas personas vendían o desechaban sus discos elepés y tocadiscos antiguos porque ahora había nuevos CD. Jamás he comprendido ese tipo de mentalidad. De todas formas, debí haber imaginado que muchas personas iban a estar más interesadas en la tecnología novedosa que en escuchar o poseer música en cualquiera de sus formatos.

 

La importancia de una misión propia

Cuando hablamos del trabajo, tener una misión (un propósito ulterior), ¿tiene que ver con cuánto disfrutas de lo que haces? Un artículo del Wall Street Journal, un periódico respetado del mundo de los negocios, analiza el hecho de que las empresas actualmente se enfocan cada vez más en la necesidad de sus empleados de tener un sentido de propósito en su trabajo. Para muchos empleados, tener un trabajo que llevar a cabo y ganarse un salario común, no es suficiente; además de estas cosas, quieren sentir que su trabajo tiene un significado más profundo.

El final de un año significa un comienzo nuevo

Jamás es demasiado pronto, ni muy tarde, para empezar de nuevo. Y hay algo del inicio del nuevo año calendario que nos inspira a procurar un comienzo nuevo, ya sea multiplicando nuestros esfuerzos para alcanzar una meta muy ansiada, o haciendo cambios necesarios, ya que las formas que teníamos de hacer las cosas no funcionaron.

Por eso ahora que el 1er día de enero de 2016 se nos viene encima, muchos estamos pensando en resoluciones y metas, junto a decisiones tales como: “Este año voy a...” o “A partir del próximo año, ya no...”. Tal vez nos sentimos atrapados en un trabajo que no nos lleva a ninguna parte, que nos brinda poca satisfacción y ningún prospecto de progreso. Tal vez hemos pospuesto un paso importante de nuestra educación, uno que podría abrirnos oportunidades nuevas a nivel profesional.

Tal vez en el ámbito de las relaciones hemos decidido hacer un esfuerzo para fortalecer nuestro matrimonio, o construir vínculos con otros miembros de la familia. Nuestro enfoque podría estar en las preocupaciones financieras: tener que cambiar nuestra forma de gastar, reducir o liberarnos de deudas o embarcarnos en un programa agresivo de ahorros e inversión para prepararnos para las necesidades futuras o incluso la jubilación.

La lista de ámbitos en los que podríamos considerar forjar un nuevo comienzo puede ser larga: bienestar físico, hábitos alimenticios, actividades de ocio o lidiar con cuestiones emocionales como el enojo, la ansiedad, la ira, la falta de motivación y la impaciencia. También en nuestro crecimiento personal, con el deseo de crecer y madurar en la fe, especialmente aplicando y viviendo lo que creemos en las circunstancias y responsabilidades de todos los días.

Infortunadamente, el camino de buenas intenciones a veces conduce a un callejón sin salida, o puede dar como resultado más frustración si no se tiene un plan claro para lograr los objetivos deseados. Este es el motivo por el que las metas deben ser más que deseos idealistas; se deben expresar en términos que sean específicos, mensurables y alcanzables. Al mismo tiempo, el compromiso de repasar estas metas a diario es necesario para evaluar el progreso. Nos puede beneficiar sentir algún tipo de responsabilidad, invitar a las personas que respetamos y a quienes les importamos a que nos pregunten periódicamente cómo estamos progresando en el ámbito que deseamos cambiar. Estos son algunos principios a considerar:

Busca la dirección de Dios hacia tus metas. Todos tenemos la capacidad de desarrollar ideas que suenen razonables, pero siempre es mejor consultar primero con Dios, el Organizador Maestro, que sabe más que nosotros qué se debe hacer. Tenemos que estar dispuestos a que Él prevalezca y nos redirija de acuerdo a lo que Él considere adecuado. “Encomienda a Jehová tus obras, y tus pensamientos serán afirmados” (Proverbios 16:3). “El corazón del hombre piensa su camino; mas Jehová endereza sus pasos” (Proverbios 16:9).

Incorpora ayuda para poder lograr tus metas. En nuestra búsqueda de alcanzar grandes metas, todos necesitamos aliento, apoyo y poder contar con nuestros amigos y colegas valiosos. También nos puede ayudar recibir consejos sabios para emprender un buen comienzo y no descarrilarnos. “Donde no hay dirección sabia, caerá el pueblo; mas en la multitud de consejeros hay seguridad” (Proverbios 11:14). “Hierro con hierro se aguza; y así el hombre aguza el rostro de su amigo” (Proverbios 27:17).

Continúa persiguiendo tu meta. Cuando lograr una meta preciada toma mucho tiempo y esfuerzo, no es inusual perder la perseverancia y el enfoque, cediendo ante el peso del desaliento. Por eso, al igual que los corredores de larga distancia, debemos mantener en mente la “línea de llegada”, ignorando los esguinces que tengamos en el camino. “Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3:14).

Preguntas de reflexión/discusión

 

1. ¿Te propones metas o intentas formular resoluciones al comienzo de cada año nuevo? Si tienes alguna de estas para el año entrante, ¿cuál es?

 

 

 

2. ¿Qué piensas sobre los comienzos nuevos? ¿Qué tan difícil es para ti despedirte de lo viejo (trabajos, tradiciones, hábitos, modelos de pensamiento, etc.) y tomar parte en nuevas formas y modos de hacer las cosas?

 

 

 

3. ¿Alguna vez has sido víctima de tus propias buenas intenciones, que comenzaron bien pero no llegaron a completarse? Si fue así, ¿por qué crees que sucedió, y qué puedes hacer en el futuro para evitar que no se cumplan tus deseos?

 

 

 

4. ¿Qué rol, si tuviese alguno, imaginas que Dios tiene en tu búsqueda de emprender un comienzo renovado en un ámbito particular de tu vida? ¿Qué tan difícil es para ti discernir la dirección de Dios cuando formulas tus metas y planes?

 

 

 

NOTA: Si deseas leer o discutir otras partes de la Biblia que se relacionan a este tema, ten en cuenta los siguientes pasajes breves:

 

Isaías 43:19; Ezequiel 36:26; Marcos 2:22; 2 Corintios 5:17; Apocalipsis 21:5

 

 

Una antigua festividad que siempre es nueva

Esta semana nos enfocamos nuevamente en la “Navidad”, sea lo que sea que signifique para cada uno de nosotros. Para muchos alrededor del mundo, significa la conmemoración del día del nacimiento de Jesucristo, aunque la fecha real de su nacimiento está oculta en la oscuridad de la historia. Sin embargo, para el mundo actual profesional y de los negocios, la Navidad significa la diferencia entre ganancia y pérdida (especialmente si trabajas en ventas); la evaluación de bonos para los empleados; la culminación de otro año fiscal; e incluso la determinación de si decir “Feliz Navidad” es un saludo apropiado para los clientes en nuestra cultura políticamente correcta.

En realidad, aunque este día festivo ha adquirido una vida secular con tradiciones propias, sacar a Jesucristo de la Navidad es quitarle al día su significado. Tal vez los genios del comercio deberían idear otra ocasión especial para promover el consumismo, pues la Navidad es una concha vacía sin la reflexión sobre el niño Jesús, María, José, los pastores, las ovejas y los ángeles, los cánticos de Navidad (tanto los conocidos como los nuevos) y las recetas y decoraciones de Navidad, que reflejan una celebración anual maravillosa.

Con miles de libros escritos, millones de sermones dados, y un sinnúmero de programas de televisión y películas basadas en la Navidad, pareciera que como lo escribió el rey Salomón en Eclesiastés 1:9: “...nada hay nuevo debajo del sol” cuando se trata de discutir este evento único que llamamos Navidad. Aun así, a pesar de ser una historia que tiene siglos de antigüedad, también es nueva por siempre.

Es mucho más que una historia tierna sobre una familia joven reunida en un establo humilde en el Medio Oriente. La magnitud de este evento queda capturada en las palabras de Juan: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:14).

Antes en el pasaje se explica quién es “el Verbo”: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios” (Juan 1:1). Jesucristo, cuyo nacimiento celebramos, fue y es el Verbo que vino al mundo para morar con el hombre, no solamente para enseñar y ser modelo de cómo vivir, pero también para morir para que a través de Él pudiéramos experimentar la verdadera vida: “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10), o como lo traducen otras versiones “la tengan en cantidad”.

Hoy oímos debates interminables sobre la “verdad”. “¿Qué es verdad?”. “¿Cuál es tu verdad?”. Durante su tiempo en la tierra, Jesús con valentía declaró que la verdad, la verdad eterna, no es negociable, que no es una cuestión de preferencia ni de elegir una de varias opciones. Él dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6).

Dos pasajes de otra parte de la Biblia explican cómo comprendimos cuál era el máximo regalo de la Navidad. Romanos 3:23 dice: “...por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”, declarando que la humanidad tiene un problema. Las Escrituras lo llaman “pecado”, la ruptura que nos separa de Dios. Pero en Jesucristo, Dios nos ha otorgado la solución: “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23).

Por eso espero que mientras disfrutamos de intercambiar regalos, de darnos el gusto con platillos de fiesta abundantes y gozamos de la compañía de nuestra familia y amigos, no omitamos reflexionar sobre el verdadero significado de la Navidad, y sobre su impacto en cada uno de nosotros.

Preguntas de reflexión/discusión

 

1. Si alguien te preguntara: “¿En tu opinión, cuál es el significado de la Navidad?”, ¿cómo responderías?

 

 

 

2. ¿Qué piensas sobre la comercialización de la Navidad? ¿Es apropiado, es exagerado o la celebración espiritual y la observancia del mercado deberían necesariamente mantenerse separadas? Explica tu respuesta.

 

 

 

3. Describe tu recuerdo más vívido de Navidad. ¿Cómo ha influenciado tus sentimientos y actitudes hacia la celebración de la Navidad?

 

 

 

4. Los pasajes de la Biblia citados no son aquellos que se asocian tradicionalmente con la historia de Navidad. ¿Qué te dicen?

 

 

 

NOTA: Si deseas leer o discutir otras partes de la Biblia que se relacionan a este tema, ten en cuenta los siguientes pasajes breves:

 

Mateo 1:18-25; Lucas 2:1-20; Romanos 5:8; Efesios 2:8-9; Tito 3:5

 

¿Puedes amar a tus empleados?

Samantha pensaba que el consejo de su profesor universitario de posgrado fue un poco raro; esas palabras que le ofreció cuando estaba a punto de iniciar su carrera profesional: “No te acerques demasiado a tus colegas de trabajo”, le dijo. “Nunca sabes cuándo vas a tener que despedir a alguien, y no querrás despedir a tus amigos cercanos”.

 Poco después de empezar su carrera, Samantha comenzó a ascender en la jerarquía corporativa de Agile, una gran firma farmacéutica, y tenía varios empleados que le rendían cuentas. Mientras leía un libro sobre liderazgo, le atrajo la historia de Vince Lombardi, el entrenador legendario de fútbol americano de los Green Bay Packers de la Liga Nacional de Fútbol Americano a finales de 1950.

Ayudándonos a sobrevivir otro día más

En un discurso en una ceremonia de graduación de la Universidad de Texas en 2014, el almirante naval William H. McRaven, noveno comandante del Mando de Operaciones Especiales de los EE. UU., habló sobre las lecciones cruciales que aprendió durante el entrenamiento básico para formar parte de las Fuerzas de Mar, Aire y Tierra de la Armada de los Estados Unidos (SEAL, por sus siglas en inglés). Una lección particularmente importante que lo marcó fue cuando él y otros reclutas se enfrentaron a 15 horas de “lucha contra el frío congelante, el lodo, el viento huracanado y la presión de los instructores para que nos rindiéramos”.

Un Servicio de CBMC

 Esta es una traducción de Monday Manna, publicada semanalmente por

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